Misión cumplida: Miles Christi llevó esperanza, solidaridad y comunidad a Manchay

La Promoción 2026 Miles Christi vivió, del 4 al 6 de setiembre, una experiencia de servicio y encuentro fraterno en el colegio San Pablo de Manchay, donde compartió con familias y niños de la comunidad y puso en práctica los valores agustinianos de solidaridad, empatía y comunidad.

El viernes 4 de setiembre, al caer la tarde, la delegación de la Promoción 2026 Miles Christi emprendió el camino hacia Manchay. Antes de partir, los estudiantes cargaron con entusiasmo los víveres donados por las familias de nuestra comunidad educativa, que serían entregados a las familias de la zona. A las 4:00 p. m. iniciaron el viaje y, aproximadamente a las 7:00 p. m., llegaron al colegio San Pablo, donde fueron recibidos con la expectativa y la alegría propias de una misión que apenas comenzaba.

Una jornada de impacto, encuentro y aprendizaje

La jornada central se inició el sábado 5 de setiembre desde muy temprano. Después del desayuno, las distintas comisiones y los líderes responsables emprendieron el recorrido hacia los hogares de las familias visitadas. El camino exigió esfuerzo: largos tramos a pie, trochas y escaleras empinadas condujeron a los estudiantes hasta lugares donde muchas familias construyen su vida con esfuerzo y esperanza. Cada recorrido se convirtió así en una oportunidad para mirar, escuchar y comprender otras realidades desde la perspectiva del servicio y las enseñanzas de san Agustín.

El encuentro con las familias dejó en los estudiantes una profunda reflexión. Más allá de entregar una ayuda material, descubrieron que acercarse al otro implica reconocer su historia, valorar lo que se tiene y comprender que incluso un pequeño gesto puede adquirir un significado trascendente.

“Me siento afortunada de tener un hogar, una familia y unos padres que hacen todo lo posible para que no me falte nada. Me voy con la reflexión de que existen realidades que muchas veces no vemos y a las que podemos contribuir con algo pequeño, pero que quedará en mi corazón como un gran aprendizaje para toda mi vida”, compartió Lucio Suárez y Ángel Díaz E.

Alegría, arte y conciencia ambiental

Después de las visitas a las familias, los estudiantes regresaron al colegio San Pablo para recibir a los niños del nivel inicial y primaria. La comisión de animación había preparado con entusiasmo una jornada recreativa en la que el juego se convirtió en un puente para encontrarse. Canciones, rondas, dinámicas y juegos permitieron que los pequeños compartieran, sonrieran y expresaran parte de sus experiencias familiares y cotidianas. En cada actividad se hizo visible el valor de la empatía: escuchar al otro, compartir y descubrir que la alegría también se construye en comunidad.

Mientras un grupo acompañaba a los niños, otros estudiantes asumieron el reto de transformar los espacios del colegio. Guiados por el maestro Andrés Yovera, desplegaron creatividad y dominio de las técnicas de pintura para elaborar un mural destinado a los pequeños del nivel inicial. Los muros comenzaron a adquirir nuevos colores y formas, convirtiéndose en una expresión de arte y cariño que permanecerá como recuerdo de la misión. Otra de las labores significativas fue la preparación del biohuerto a cargo del profesor Arturo Arberca. Con picos, herramientas y, sobre todo, mucha disposición para el trabajo, los estudiantes acondicionaron un área ubicada alrededor de la fachada del colegio San Pablo, en el nivel inicial, con el propósito de sembrar un espacio verde que aporte color, vida y alegría a la comunidad. Cada golpe de herramienta fue también una forma de dejar huella: una huella que crecerá con el tiempo.

Cierre de jornada

Al finalizar la jornada, la comunidad se reunió para vivir uno de los momentos más significativos de la misión: la procesión de las antorchas. Alrededor del colegio, estudiantes y acompañantes caminaron con las luces encendidas, elevando sus oraciones por las familias y poniendo sus intenciones en manos de Dios. El padre Nicolás Vigo encabezó la procesión, acompañado por los cantos agustinianos que, a una sola voz, unieron a los participantes en un momento de fe y fraternidad.

La misión continuó con la entrega de los víveres donados por las familias de nuestra institución. Los estudiantes, en representación de toda la comunidad educativa, hicieron llegar esta ayuda a las familias de Manchay, llevando consigo no solo productos de primera necesidad, sino también el gesto solidario.

La noche cerró con una tradicional fogata en las afueras del colegio. En un ambiente fraterno, los estudiantes recordaron los momentos vividos durante la misión, las historias compartidas, los desafíos superados y, especialmente, los lazos de amistad que se fortalecieron durante esos días. Fue un espacio para reconocer que la experiencia no solo transformó aquello que dejaron en Manchay, sino también aquello que cada uno se llevó consigo.

“Esta misión me enseñó que servir no significa solamente ayudar, sino también estar dispuesto a escuchar, compartir y dejarse transformar por las personas que conocemos. Me llevo recuerdos que no voy a olvidar y una nueva manera de mirar las cosas que antes daba por sentadas”, expresó David Escalona de Miles Christi.

El domingo 6 de setiembre, la Promoción 2026 culminó esta experiencia cerrando con la misa solemne de agradecimiento por la oportunidad de abrir corazones, conocer realidades y saber que siempre hay aprendizajes con la satisfacción de haber cumplido el propósito que los llevó hasta Manchay. Tres días de convivencia, servicio, oración, trabajo y fraternidad dejaron aprendizajes que trascienden las aulas y que forman parte de la experiencia de crecer como comunidad agustiniana.

Porque una misión no termina cuando se emprende el camino de regreso. Permanece en las personas, en los espacios transformados, fueron las sentidas palabras de nuestro Promotor, Fray  Nicolás Vigo

Miles Christi: misión cumplida.